6 de febrero de 2012

R.I.P.A.

Querido primo:

Hoy, 6 de febrero, hace una semana que nos dejaste. Todo ha sido demasiado prematuro y repentino... aún no podemos creer que ya no estés aquí.
Nunca antes había visto tanto sufrimiento como el de estos días: la incredulidad en el rostro de tus hermanos, las lágrimas de tus tíos, o el Dolor con mayúsculas de tu madre son gestos que me acompañarán siempre. Hemos sido muchos los que fuimos a velarte, atónitos ante lo que teníamos ante nosotros. Hasta este clima tan amable que tenemos en Andalucía se ha vuelto frío y desagradable, como si se hubiese puesto de luto por tu ausencia.

Ciertamente hacía mucho tiempo que no te veía, pero no por ello he sentido menos tu pérdida. Eres mi primo hermano y la misma sangre baña nuestras venas. Aún puedo recordar cuando era pequeña e iba con mis padres a veros a casa de la Tita Pepa... recuerdo cómo salías de tu cuarto y te sentabas con nosotros a escucharnos. Esa es la parte buena (si es que la hay) de todo esto, que mientras vivas en nuestro recuerdo, seguirás con nosotros.

Algunos culpan de lo acontecido a Dios, otros aseguran que la vida es injusta cuando se llevan a personas buenas como tú, y otros acusan al destino y a su inexorabilidad malévola. Pero si algo he aprendido en estos años de viajar por el mundo y husmear en los textos antiguos es que lo que llamamos muerte es tan sólo el principio de todo. Hay mil acepciones para esto: tanto si acudes al Cielo Cristiano, a La Otra Vida Egipcia, o al Hades Griego, todos coinciden en que lo que llamamos vida no es más que una antesala para lo realmente bueno, lo que está por venir. No digo con esto que los antiguos tuvieran razón, pero sí que creo en lo que siento. ¿Y sabes que? Ahora te siento junto a nosotros. Es más, casi puedo atisbar a ver su silueta al lado de tu madre, susurrándole al oído que estás bien, que no derrame más lagrimas por ti y que siga adelante. Te veo junto a tus hermanos, sonriéndoles y dándoles ánimos, insistiendo en que tienen mucho por lo que luchar. Estoy segura que ahora estás en un lugar mejor, sin sufrimiento, aunque no sepa explicar con certeza cual es ese lugar. Seguro que estás con tu padre, y con nuestros abuelos José y Juana. Me amparo en la creencia de que nada ocurre porque sí, que para todo hay un motivo, una explicación. Y aunque parece que los 42 años es una edad prematura para abandonar este mundo, sin duda es porque ya viviste todo lo que tenías que vivir, y porque ahora has pasado a un sitio maravillosamente plácido. Ese es nuestro mayor consuelo.

Por último, quería decirte que estos días tu familia y tus amigos han demostrado lo mucho que te querían, te han acompañado en los últimos momentos y te han arropado, a ti, a tu madre y a tus hermanos. Y esto sin duda es lo mejor de todo, ya que mientras ellos te recuerden no nos habrás dejado sino que seguirás vivo en ese rinconcito de nuestros corazones. Aún así, quiero que sepas que te echaremos mucho de menos aunque nos quede el consuelo de Sentirte, ahora más que nunca, a nuestro lado, cuidándonos y velando por nosotros. Tu madre y tus hermanos cuidaron de ti este tiempo atrás, ahora es el momento en el que las tornas se cambian y eres tú el que cuidarás de ellos.

Te llevaremos siempre con nosotros. Descansa en paz.

Tu prima Miriam.

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