3 de marzo de 2011

Despertar

     Una vez más, allí estaba ella, sentada sola ante el gran abismo.

Cada vez que tenía una experiencia similar, no podía hacer otra cosa sino correr, correr fuerte y rápido hasta donde dieran sus piernas. Curiosamente sus piernas siempre acababan en el mismo lugar: el abismo.

Sentada y con los pies colgando, una majestuosa profundidad se abría ante sus ojos para demostrarle que su vida era algo miserable al lado de la grandeza de la naturaleza.

Pero ese mísero existir era a su vez su bien más preciado.

El aire puro y limpio llenaba con ansia sus pulmones, su boca jadeante se refrescaba con el viento que parecía soplar para ella, sus ojos eran incapaces de abarcar tanta grandeza.

Un nuevo día despuntaba por encima de las montañas más lejanas, mientras toda clase de seres y animales del bosque comenzaban a despertar… o a dormir, como era el caso del búho. Las lágrimas de la noche dejaron de brotar para dar paso a algo más fuerte llamado sol, pero no tan poderoso como el manto de la oscuridad que la luna vestía cada noche, arrastrando plantas, musgos, y flores a su paso.

Jetzel miraba atónita este espectáculo, pero era incapaz de dejar de llorar.

Ella era feliz, tenía todo lo que una mujer de su edad y su medio natural podía desear, pero ese sentimiento le oprimía tanto que hasta le costaba respirar.

No sabía que era, ni de donde venía, pero era algo que le empujaba el pecho y que le hacía retorcerse de dolor y mirar al cielo diciendo: Basta!

Ciertamente la joven no podía más, no sabía lo que le estaba ocurriendo, pero cada noche gritaba y se lamentaba por el bosque, ahuyentando a las oscuras criaturas que allí vivían. Corría, gritaba, sangraba, lloraba de dolor… su cuerpo estaba cambiando.

Aquella noche que por fin terminaba había sido la más espantosa de todas. Lo que le había ocurrido hacía unas horas no podía haber sido real, era Imposible.

“Esas cosas no existen, sólo viven en los cuentos”

Sus piernas se volvieron más fuertes y musculosas, sus pies no necesitaban zapatos para caminar, su cuerpo parecía haber sido insuflado por la mismísima muerte, tiñéndole de un tono blanquecino y de ultratumba. Sus uñas se hicieron afiladas y largas cual dagas de plata, su cabellera se volvió más espesa hasta acariciarle los tobillos, tan negra como la noche que se cernía ante ella. Sus labios se volvieron trémulos y rojos como una rosa de mil pétalos, sus facciones se agudizaron y le proporcionaron una belleza sutil y superior al resto de criaturas nocturnas, pero lo más inquietante al mirarse en el reflejo del río no era ninguna de estas nuevas características…

Sus colmillos habían crecido y se habían vuelto afilados y sanguinarios, sus movimientos eran tan veloces que ni siquiera los animales más avispados del bosque podían capturar con su mirada. Pero había algo peor aún…

Sus ojos mutaban y se volvían del color de aquello que ella miraba: cuando observaba su reflejo en el río, sus ojos eran de un azul profundo, cuando miraba hacia la luna se volvían plateados, cuando miraba a lo lejos la espesura del bosque entonces sus ojos eran verdes cual esmeraldas…

¿Qué demonios le estaba ocurriendo? ¿Por qué a ella? ¿En qué se estaba transformando cada noche de sus días? Su mente no podía parar quieta. Tan solo tenía clara una cosa: Ella era un monstruo.

Pero de pronto, aquella mañana, sentada y contemplando de nuevo su humana desnudez bajo los primeros rayos del sol, escuchó una voz que le decía:

“No temas, ahora serás más poderosa que antes, y tendrás una familia de seres con una belleza casi igual a la tuya. No temas.”

Asustada se giró para contemplar la boca de la cual habían salido tan extrañas y desconcertantes palabras, pero una vez más, no había nadie. Al principio creyó estar volviéndose loca, pero con el tiempo se dio cuenta que no, que esa voz realmente existía y se metía en su cabeza para guiarla hacia su nuevo hogar, hacia su nueva guarida.

Las horas, los días y los meses pasaban, y cada vez Jetzel gustaba más de su nueva apariencia nocturna. Apreciaba sentir el frescor de la hierba mojada, amaba caminar desnuda por la inmensidad de la noche, y… ¿por qué no decirlo?

Amaba la sangre.

Aquella noche se dirigía hacía su guarida para celebrar la ceremonia de hermanamiento a través de un ritual ancestral, canalizado por Markus, el vampiro más antiguo de su clan. Estaba nerviosa y excitada, por fin había conseguido encontrar la voz que le susurraba cada noche, por fin había encontrado su nuevo hogar, por fin era libre, por fin… por fin iba a conocer esa voz, la voz de Markus. Por fin iba a convertirse para siempre en lo que anhelaba desde aquel día sentada en el abismo.

Había llegado el momento de convertirse definitivamente en un Súcubo.

Sus alas le estaban esperando y, al igual que ella, tenían sed.

5 comentarios :

  1. Para estar dormida escribes bastante bien... A ver si de aquí a unos años tenemos a una precoz Anne Rice en potencia (la de sus primeros libros si puede ser) o a una Shelley jerezana.
    Esperaré más entregas... actuales!! (En 10 años uno evoluciona y garabatea mejor, no?)

    Por cierto; te armonizaría “The Valkyrie's Vigil” de Robert Hughes este/tu rinconcito... O la famosa escultura de Stephan Sinding... Valkyrie, aunque esta no parezca muy entumecida precisamente.

    Cheers!!

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  2. Me alegro que te guste mi rinconcito... en breve colgaré más cositas, sin duda!
    Y en cuanto a la amenización, ambas me parecen demasiado amables, demasiado azules... ahora reinan otros colores en mi universo, pero de todos modos, gracias.

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  3. Julio O'Rourke4 de marzo de 2011, 8:30

    no comments, me ha encantado, bueno si un comentario ... "Había llegado el momento de convertirse definitivamente en un Súcubo. Sus alas le estaban esperando y, al igual que ella, tenían sed" ... ¿es una metonimia? porque la figura del súcubo daría para mucho juego psicológico. ;-)

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  4. Aquí está la magia de este blog; puede ser lo que tú creas que es... nada te impedirá pensar a tu antojo e imaginar lo que más te convenga ;)

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  5. Julio O'Rourke4 de marzo de 2011, 9:20

    Un respuesta políticamente correcto. En serio me has impresionado, desconocía que escribieses, tendré que regañar a rocío jajaja.

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