8 de junio de 2013

La Maldición

Se cruzan, de nuevo, en aquel camino cubierto de hojas cobrizas.

Caminan con sus respectivas parejas, pero no pueden sortear aquel instante. Es lo que llena sus vidas.

Durante unos segundos se miran, bebiendo el uno del otro, amándose en un suspiro.

Sin palabras, sin gestos. Sólo una mirada.


Pero ambos continúan hacia adelante.




Y he aquí que en cierto día el destino les condena al sueño eterno en dos tumbas contiguas cubiertas de hojas cobrizas.

He aquí que sus hijos lloran a los pies de las mismas y se miran durante unos segundos.

He aquí que continúa la maldición.



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