3 de marzo de 2011

El Súcubo

     Por aquel entonces yo no tenía corazón, ni fuerzas para buscarlo, ni ganas de encontrarlo... estaba demasiado cómoda en la realidad mundana en la que vivía, sin problemas ni preocupaciones.

Aquella sin embargo no era yo, era un ser vacío, incapaz de mover los hilos de mi propia existencia... y eso me estaba consumiendo, estaba perdiéndolo todo.

Pero esa situación no podía durar mucho más, sentía que se acababa y que algo nuevo estaba a punto de llegar a mi triste y absurda existencia.

Cambios. Se avecinaba una gran tempestad en lo más profundo de mi alma que me azotaría con fuerza para hacerme despertar.

Mientras tanto mi cuerpo me avisaba, al principio con sutileza y luego con fiereza... mi vehículo externo se estaba haciendo eco de los mensajes del fondo de mí ser: Aquella vida no me pertenecía, jugaba un rol que no era el mío, y debía encontrar mi verdadero personaje para seguir la partida y así poder luchar y ganar.

“Mi alma no quería ir a la guerra, quería ir a la victoria”

Y esos cambios llegaron... dolor, soledad obligada, separación, angustia, pesar. Todos esos sentimientos se cernían sobre mí y me devoraban las entrañas cual aves rapaces. Pero paradójicamente aún era capaz de sentir algo...aunque solo fuese mi propia desesperación.

Quería gritar pero me habían quitado las cuerdas vocales, quería huir pero no tenía piernas... y el enemigo seguía acechándome y amenazándome...

No podía darle la espalda por más tiempo y fue entonces cuando lo logré:

De pronto me paré, me di la vuelta, alcé la vista y miré fijamente los ojos de la bestia... Ella me dijo que me vencería, entonces yo saqué mis metalizadas y afiladas uñas y se las clavé en el corazón, en mi propio corazón...

“Sangraba, gritaba, lloraba y se desgarraba de dolor. Pero yo lo había conseguido... había recuperado mi corazón. Había encontrado mi verdadero corazón”.

Así que allí estaba yo con mi sombra, bajo la luna... volví los ojos hacia mis adentros y vi cómo por fin me había encontrado a mí misma. Ahora estaba completa: mi cuerpo era perfecto y tenía todos los órganos.

Ya nadie más me arrebataría lo que es mío.

Entonces volví corriendo (ya tenía piernas) y gritando (de nuevo tenía voz) hacia mi refugio... las lágrimas se escapaban de mis ojos y resbalaban por mis mejillas... podía sentir el viento en la cara, podía oler la tierra mojada, podía oír el leve susurro del mar.

Cuando regresé, coloqué minuciosamente mi nuevo y bien hallado órgano en una urna de cristal... así nadie me lo podría robar de nuevo, ni sufría el riesgo de perderlo. Pero había un problema... tampoco podría utilizarlo.

Mi vida siguió con aparente normalidad pero esta vez era Yo, era capaz de escuchar a mi alma pero aún me faltaba algo.

No podía volar... no me habían devuelto mis alas y echaba de menos surcar las nubes y ver de nuevo el cielo.

Una noche mientras paseaba por el lago, le vi, le intuí entre la espesura del bosque; me acerqué, aparté las ramas y allí se encontraba. Traía mis alas en las manos...

¿Quién era? No lo sabía. ¿Por qué me ayudaba? Porque aún quedan personas bondadosas en la tierra, y son más de las que podemos imaginar.

“Escuché los latidos de tu corazón que me llamaban a gritos y reclamaban mi ayuda... entonces recordé que una vez encontré tus alas en una cueva cerca del lago, las recogí y ahora te las traigo... las debes haber echado mucho de menos” Eso fue todo lo que ella me dijo.

Yo la miré, y le di las gracias, aún se las doy. Cada vez que vuelo y atravieso el firmamento le doy las gracias; sé que ella me oye.

Ahora sí. Escuchaba mi alma, y también era capaz de oír retumbar mi corazón. Estaba preparada para enfrentarme al mundo, e incluso construirme el mío propio.

Y así he hecho... creé mi único y exclusivo mundo y desde entonces habito en él. De vez en cuando regreso a la realidad, que no es más verdadera que mi fantasía, para recordar lo que un día fui y afortunadamente dejé de ser.

Recuerdo entonces mi angustia, todo lo pasado, y me echo a reír a carcajadas.

Cuando bajo a vuestro mundo grito: Lo conseguí!, pero… y mi corazón?


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